De León a Astorga

De León a Astorga

Camino a Madrid

Muy de mañana pasan a recogernos Miguel y Rosa en su flamante y tecnológico nuevo coche, al que solo le falta hablar, creo. Cargamos las mochilas y maleta y nos ponemos en camino; nos esperan unas 7 horas de viaje, algo más de 700 Km. Vamos dejando atrás palabras y kilómetros mientras hablamos de lo pasado y lo por pasar, hasta que finalmente empieza a clarear. A estas horas el tráfico en la autovía A-3 es escaso, por lo que el viaje resulta tranquilo. Poco antes de llegar a Madrid hacemos una parada para estirar un poco las piernas y tomar un café.

No puedo evitar pensar en las veces que, durante los años que vivimos en Madrid, hicimos ese viaje en condiciones muy diferentes. Allá por el 96, cuando nos trasladamos a la capital, la A-3 no existía como tal. La por entonces N-III apenas tenía un tramo de autovía a la salida de Valencia, hasta Buñol, y otro desde Tarancón a Madrid, salvo unos kilómetros al paso por Perales de Tajuña. Con el tráfico habitual unas 5 horas de viaje, que podían ser bastante más en vacaciones, puentes… Afortunadamente ahora el trayecto se puede realizar en tres horas y media, poco más o menos.

Atravesar Madrid nos resulta más cómodo de lo que a priori pensábamos. Hay tráfico abundante pero fluido, así que cuando queremos darnos cuenta rodamos por la A-6, en dirección hacia Benavente. Una vez dejamos atrás la Sierra de Guadarrama nos adentramos en las planicies castellanas. Atravesando campos de cereales ya segados nos adentramos en terrenos vitivinícolas; las bodegas se suceden a nuestro paso por las comarcas de Rueda o Medina del Campo.

Al paso por la comarca de Valderas me sorprende lo que me cuenta Miguel, y que yo desconocía, sobre el plato típico de la zona: el bacalao al ajoarriero. Y me sorprende porque claro, uno no esperaría que el plato típico de un pueblo tierra adentro fuera el bacalao. Tiene su origen en los arrieros de Astorga, quienes comerciaban con productos traídos desde puertos lejanos. En Valderas comenzaron a preparar el bacalao, un pescado barato, según esta receta que llegaría a dar identidad a la localidad.

LLegamos a León y nos dirigimos al Hotel en el que tenemos reserva. Apenas el tiempo necesario para registrarnos y dejar el equipaje y encaminamos nuestros pasos hacia el centro. La primera parada, necesariamente, es en la plaza de La Catedral. Todavía no vamos a visitarla, pero inevitablemente tenemos que contemplar su impresionante construcción y majestuosa solidez. Tiempo habrá más adelante para verla en detalle, ahora es momento de buscar un sitio para comer. Callejeando por el centro de León llegamos hasta un restaurante que nos llama la atención: El Besugo, donde conseguimos mesa y elegimos varios platos, a cual más contundente; alguno de nosotros sufrirá esa contundencia durante un tiempo. Tras la comida volvemos al hotel para hacer un descanso, ya que estamos en activo desde muy temprano.

Por la tarde volvemos a salir para ver algo más de León. En primer lugar nos dirigimos al Albergue de Peregrinos de «Las Carbajalas» para adquirir las credenciales del peregrino. Aunque en realidad no nos serán necesarias estrictamente hablando, ya que tenemos reservas en alojamientos privados, siempre será un bonito recuerdo tener la credencial con los sellos de aquellos lugares por los que hemos pasado. Me alegra especialmente poder contemplar la Plaza del Grano todavía con luz diurna. El recuerdo que tenía era de una hora temprana, antes del amanecer, cuando me puse en camino hacia Oviedo.

Paseamos y contemplamos la plaza y edificio del Museo de San Isidoro, el edificio del museo Casa Botín y la Feria del Libro de Ocasión, que encontramos junto a la plaza de San Marcelo; allí tengo la suerte de encontrar un ejemplar de La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, libro que está en mi lista de lecturas, lista que creo que nunca acabaré. Más tarde, en el hotel, leeré unas páginas antes de dormir.

El día ha sido largo y estamos cansados, por lo que decidimos volver al hotel. Aunque no será necesario madrugar, necesitamos descansar. Mañana empezamos a caminar.


Etapa 1. León a Villar de Mazarife

Primera etapa, de León a Villar de Mazarife. A priori 21,1 Km, que ya previamente habíamos decidido acortar: iríamos en coche hasta La Virgen del Camino, donde lo dejaríamos, y comenzaríamos a caminar desde ese punto. De este modo nos quitamos 7 Km de la etapa que así quedaría en unos 14 Km, al tiempo que nos evitamos la salida de León, atravesando polígonos carentes por completo de interés. Así pues, tras aparcar cerca de la salida del pueblo y de la parada del autobús con el que regresaremos de Astorga, nos ponemos en camino.

Hace fresco, pero el cielo está completamente despejado; la previsión meteorológica para estos días es buena: nubes escasas y temperaturas no muy altas durante el día y algo de frío durante la noche. Justo a la salida de La Virgen del Camino llegamos al desvío: recto el camino transcurre junto a la insoportable N-120, que tan malos recuerdos me trae. A la izquierda hacia Villar de Mazarife, a donde nos dirigimos.

Desvío hacia Villar de Mazarife

Todavía atravesaremos algún pequeño núcleo urbano y carretera local hasta que el camino nos lleva por pistas de tierra, mayoritariamente entre campos de cultivo, matorrales y alguna -escasa- zona arbolada. Dejamos atrás las poblaciones de Fresno del Camino y Oncina de la Valdoncina y llegamos a Chozas de Abajo. Como me ocurre en estas ocasiones me pregunto si habrá un Chozas de Arriba; más tarde obtendré respuesta. Llevamos unos 10 Km y decidimos hacer una parada para descansar y comer algo, así que seguimos las indicaciones de «Bar» que convenientemente nos apartan ligeramente del camino pero que, como contrapartida, nos permite disfrutar de unos estupendos pinchos de tortilla que nos sientan divinamente. Aprovechamos para sellar la credencial y continuamos para completar los apenas 4 Km que nos restan.

Chozas de Arriba queda a la derecha del camino, a poco más de dos kilómetros, así que no la visitaremos . El camino desde Chozas de Abajo hasta Villar de Mazarife transcurre por una antigua pista, transformada en carretera local por el asfalto sin que hubieran tenido la precaución de mantener una zona de andadero junto a la misma. Afortunadamente el tráfico es muy escaso y apenas nos cruzamos con unos pocos vehículos que efectúan el trayecto entre ambas poblaciones.

Al entrar en Villar de Mazarife nos detenemos para hacernos una foto junto al cartel de entrada. Una chica coreana que venía detrás de nosotros se ofrece a hacerla y después nos pide un favor de lo más curioso: nos cuenta que es el cumpleaños de su novio y nos pide grabarnos mientras le felicitamos por su aniversario. Y ahí nos ves a los cuatro, cantando cumpleaños feliz a un chaval coreano a quien no conocemos y seguramente no conoceremos nunca.

Entrando a Villar de Mazarife

Por la hora pensamos que lo mejor será comer primero, así que pasamos de largo el albergue San Antonio de Padua en el que tenemos reserva, justo a la entrada del pueblo, y nos dirigimos hacia el mesón Tío Pepe para comer. Nos sentamos a una mesa en el tranquilo patio interior donde comemos un menú sencillo pero suficientemente bueno y, sobre todo, restaurador. Después retrocedemos hasta el albergue para registrarnos y descansar.

En el albergue, la hospitalera Maria José nos cuenta que el alojamiento lo estaba llevando su padre, fallecido recientemente, y que ella se ha propuesto darle continuidad, aunque resida en Alicante y pasar temporadas aquí, alejada de su familia, no resulte fácil. Formalizamos el registro, sellamos las credenciales y nos dirigimos a las habitaciones. Quedamos en vernos después de descansar un tiempo, para dar un paseo por el pueblo y sus alrededores.

Dedicamos las últimas horas de luz para recorrer el pueblo. Miguel aprovecha la ocasión para hacer unas tomas sobre y alrededor de la torre de la iglesia con su dron. Es un aparato pequeño, pero me impresiona verlo alzar el vuelo con un zumbido como de abeja y moverse sobre nosotros mientras va grabando los alrededores con una calidad de imagen impresionante. Después continuamos nuestro paseo por Villar. No es un pueblo muy grande, así que caminando pronto llegamos hasta las afueras, desde donde contemplamos el llano con la cordillera de fondo, adornada con penacho de nubes. Empieza a soplar un incómodo viento frío que, junto con el cansancio que ya nos pesa, nos deciden a regresar al albergue. Antes hacemos una parada en la tienda del pueblo para comprar fruta y algunos otros víveres. En la tienda mantenemos una conversación con la propietaria, que nos habla del pueblo y del camino. Entre otras cosas nos sella la credencial con un sello que, la verdad sea dicha, resulta ser bonito.


Etapa 2. Villar de Mazarife a Hospital de Órbigo

Saliendo de Villar de Mazarife

Sobre las 8:00 de la mañana nos levantamos y tras hacer la mochila nos ponemos en camino hacia la plaza de la Iglesia, donde se encuentra el bar en que podremos tomar un desayuno. Somos los únicos clientes a esa hora. La chica que atiende nos sirve y le pedimos aceite y sal para las tostadas; el salero que nos trae, un pequeño bol de cristal, había conocido tiempos mucho mejores y se había llevado consigo algo de la mugre de toda su historia. Difícil saber si resulta acertado meter los dedos para tomar una pizca de sal, pero nos animamos a ello. Después nos ponemos en marcha; todavía hace frío, pese al salero se agradece el desayuno que acabamos de tomar.

Los primeros kilómetros transcurren por una carretera local, casi una continuación de la que ayer nos llevó a Villar. A unos 6 Km aproximadamente dejamos la carretera para tomar una recta pista de tierra. Al llegar a la altura de Villavante las señales nos desvían a la derecha, para entrar en el pueblo. Tenemos dos opciones: si continuamos recto por la pista que nos ha traído deberemos cruzar las vías del tren por un paso a nivel, mientras que si entramos en el pueblo siguiendo las señales nos encontraremos con un paso sobre las vías. Bueno, pues ni la una ni la otra; entramos en el pueblo para hacer un descanso y comer algo en el bar del albergue Santa Lucía pero después nos dirigimos nuevamente hacia la pista, tomando a nuestra izquierda tras preguntar a un local, que nos advierte del paso a nivel. Efectivamente al poco nos encontramos con el paso, que cruzamos tomando las debidas precauciones.

Después de haber transitado por parajes casi despoblados nos encontramos primeramente con la AP-71, que cruzaremos por arriba por un feo paso elevado. Pero si feo es este paso lo es más el paso de la N-120, que tendremos que cruzar a nivel, sin disponer siquiera de un paso de peatones señalizado. Sin duda deberían mejorar este punto. Enseguida llegamos a Puente de Órbigo, donde apenas 400 metros nos separan ya de Hospital de Órbigo. A la llegada nos saluda el imponente puente del Passo Honroso, de más de 300 metros, sobre el río Órbigo y que data del siglo XVIII. Sobre el puente un cartel nos cuenta la historia de Suero de Quiñones y el torneó que realizó, por amor de su dama, en 1434, rompiendo 300 lanzas. Vaya, casi una lanza por cada metro del puente; ¿será mera coincidencia?

Cruzamos el interminable puente y nos adentramos en Hospital de Órbigo. Dada la hora buscamos un sitio donde comer; por indicación de una lugareña a quien preguntamos nos dirigimos al restaurante Los Ángeles. Nada más entrar recuerdo que es el mismo al que fuimos Lur, Vir, Carmenxu y yo, hace ya unos años. Como no, probamos las sopas de trucha, plato típico de la zona, elaborado con la pesca del río Órbigo. Tras la comida nos dirigimos hacia el B&B El Caminero, donde tenemos reservadas dos habitaciones. Al llegar nos atiende la propietaria, Carmen. El establecimiento es una auténtica maravilla; la decoración, el mobiliario, los detalles, todo pensado para crear un ambiente acogedor y relajante. Sin ninguna duda uno de los mejores alojamientos en que he estado, ya nos solo en caminos, sino en cualquiera de los viajes que haya hecho. Un auténtico lujo.

Puesto que por aquí pasa el autobús de línea hacia León, decidimos que Miguel y yo lo tomaremos hasta La Virgen del Camino, donde dejamos el coche, para traerlo hasta Hospital de Órbigo. Esto nos permitirá dejar las mochilas en el coche y hacer la etapa hasta Astorga llevando una pequeña mochila con lo justo. Desde Astorga tomaríamos entonces el bus de vuelta a Hospital de Órbigo donde recuperaríamos el coche para regresar a León. Así lo hacemos; conseguimos tomar el bus hasta La Virgen del Camino pese a una confusión con la compra de los billetes y volvemos a Hospital de Órbigo con el coche. Miguel le da una vuelta más a este asunto y decide que al día siguiente, a primera hora, se dirigirá a Astorga, dejará el coche allí y volverá a Hospital de Órbigo en autobús, a tiempo de iniciar la etapa. Me ofrezco a acompañarle, pero asegura que no es necesario y que ya tiene adquirido tiene su billete de vuelta.

Todavía nos queda tiempo para dar un paseo por el pueblo, que además del puente tiene algunas edificaciones interesantes como la Iglesia de San Juan Bautista a la que, estaba claro, no podemos entrar por estar cerrada. Ya entrada la noche decidimos volver al alojamiento; tenemos que dejar las mochilas preparadas para el día siguiente y descansar. La etapa de mañana será un poco más larga que las dos anteriores, de unos 14 Km cada una. Hasta Astorga serán 17; sólo 3 kilómetros más, espero que esta circunstancia junto con lo ya caminado no pesen mucho en Merche.


Etapa 3. Hospital de Órbigo a Astorga

Hacia Astorga

Por un despiste nuestro no podemos desayunar en el B&B, así que Merche, Rosa y yo vamos hacia el único local abierto a esas horas para poder desayunar, el hotel del omnipresente Don Suero de Quiñones. Miguel ha salido antes hacia Astorga, para dejar el coche. El salero del hotel tiene mucha mejor presencia que el de Villar y el desayuno está a la altura. Y bien de precio, todo hay que decirlo. Miguel nos envía un mensaje diciendo que nos pongamos en camino, que él nos alcanzará, y así lo hacemos.

El hotel está justo a la entrada de Hospital, así que tenemos que atravesar todo el pueblo. Pasamos junto al ayuntamiento y la iglesia y un trecho más adelante reconozco el albergue donde nos alojamos cuando hice el camino Francés. Ya había hablado a mis compañeros de este albergue, por la particularidad que me gustó mucho en su día de que dispone de material de dibujo y pintura para que quien quiera deje algún trabajo. El albergue está enteramente decorado con dibujos y pinturas realizadas por algunos de los muchos peregrinos que se han alojado. Una preciosidad, por la estética y por su significado.

Albergue de San Miguel en Hospital de Órbigo

A la salida del pueblo encontramos una bifurcación; si seguimos recto circularemos por un andadero junto a la carretera N-120, mientras que hacia la derecha vamos hacia Villares de Órbigo, por un camino que transita por campos con zonas de arbolado. Aunque la variante de la carretera es poco más de un kilómetro más corta no cabe la menor duda, el camino bueno es por Villares. Apenas llevamos un par de kilómetros cuando nos alcanza Miguel. Ya tenemos el coche esperando en Astorga, para poder regresar a León por la noche.

Dejamos atrás Villares de Órbigo y Santibáñez de Valdeiglesias y lo que hasta ahora había sido un camino bastante apacible empieza a resultar incómodo para Merche. Terreno ondulado con desniveles moderados pero muy pedregoso, lo que le hace difícil caminar. Hacemos alguna parada para descansar y reponer fuerzas y finalmente llegamos a la parte más elevada, donde el camino vuelve a ser más llano y cómodo. En el Jardín de Alma hacemos una nueva parada y tomamos algo de fruta y zumos; junto con unos minutos de descanso nos permite continuar el camino en condiciones.

Enseguida llegamos al Crucero de Santo Toribio, desde donde contemplamos una preciosa vista de Astorga, con la catedral y el palacio de Gaudí. De fondo tenemos la vista de los Montes de León, con la cumbre del Teleno destacando. Emprendemos una fuerte bajada y entramos en San Justo de La Vega, última población antes de llegar a Astorga. Los últimos kilómetros se hacen pesados; el cansancio se hace notar y el tedioso paso peatonal sobre las vías y la fuerte pendiente de subida hasta la plaza de San Francisco resultan cansinos. Pero al llegar, la fatiga se olvida. Hemos terminado nuestro camino; Merche lo ha conseguido, ha sido un auténtico reto para ella, y ha demostrado estar a la altura. Siempre pensé que sería capaz de hacerlo, creo que ella tenía más dudas que yo en ese sentido, pero finalmente las dudas se despejaron. Me siento muy feliz de que lo haya conseguido.

Dejamos de lado las emociones y nos centramos en algo más práctico; estamos hambrientos, así que buscamos un sitio donde poder comer. Siguiendo el trazado del Camino atravesamos la plaza de San Bartolomé, muy concurrida, y continuamos hasta la de España,repleta de bares y restaurantes para elegir. Nos sentamos en una terraza que nos permite disfrutar del buen tiempo y las vistas de la plaza mientras damos buena cuenta de varios platos y un buen vino. Es inevitable que durante la comida los temas de conversación vayan de un punto a otro, pero casi siempre alrededor de lo vivido en estos días, que aunque pocos han estado repletos de anécdotas y experiencias.

Terminada la comida nos encaminamos hacia la plaza de Eduardo de Castro, donde se encuentran tanto el Palacio de Gaudí como la Catedral de Santa María. Optamos por visitar primero la Catedral; con nuestra credencial obtenemos un descuento en la compra de las entradas e iniciamos el recorrido por la misma, con la ayuda de unas audio guías. Me siento incapaz de enumerar las obras que pudimos contemplar en el museo, pero recuerdo muy especialmente un vídeo tridimensional que nos descubrió la historia de Astorga y su Catedral con unas imágenes impresionantes. El interior de la Catedral, o más bien toda ella, muestra una mezcla de estilos, aunque predomine la sobriedad y solidez del gótico en el interior y el barroco del retablo en el exterior.

Tras la visita a la Catedral nos dirigimos hacia el Palacio de Gaudí; de camino pasamos por la iglesia de Santa Marta, donde nos asomamos a la Celda de las Emparedadas. Según la Guía de Astorga:

La Celda de las Emparedadas de Astorga es un cubículo adosado a la Iglesia de Santa Marta, situada a escasos metros de la Catedral. Se trata de una estancia irregular, con una ventana como única vía de comunicación con el exterior. […] En su vertiente más mística, el emparedamiento era una forma de reclusión voluntaria elegido por mujeres que consagraban su vida a la oración y a la penitencia. Sus celdas se sellaban tras su ingreso, y contaban generalmente con dos ventanas, una al exterior, por la que recibían limosna y alimentos y que les permitía comunicarse con vecinos y con peregrinos, y otra al templo al que estaba adosada la celda, para seguir los oficios religiosos..

No entramos al palacio, nos limitamos a contemplar el edificio desde el exterior; la realidad es que el cansancio empieza a pesar y queremos regresar a León, así que poco a poco nos dirigimos hacia donde Miguel aparcó el coche esta mañana y nos ponemos en camino hacia León. Resulta insultante comprobar que lo que nos ha costado tres días de camino lo hacemos ahora en coche en apenas tres cuartos de hora. Durante el trayecto de vuelta podemos ver durante buena parte del recorrido el sendero junto a la N-120 que constituye el camino oficial. Todos estamos de acuerdo en que esa alternativa simplemente no era una opción.

Llegamos a León, dejamos el coche en el aparcamiento del hotel y tras el registro subimos a las habitaciones, donde nos quedamos para descansar.

León

León, de nuevo. Desayunamos en el hotel y paseamos hacia el centro de la población, dando un pequeño rodeo para poder contemplar la muralla, que nos sorprende por su buen estado de conservación.

Muralla de León

LLegamos a la plaza de la Catedral y consultamos los horarios tanto de visita como de culto. Rosa dice que quiere asistir a misa de 12 h; aunque no soy creyente no tengo ningún inconveniente en asistir también, aunque mi participación sea como mero espectador y siempre con el respeto que merece una celebración de cualquier culto. Primeramente veremos el interior público del templo, el claustro y capillas. Después nos dirigimos al exterior, a la puerta principal, en espera de que abran para acceder al interior de la Catedral, para asistir a la misa. Antes y después del acto tenemos unos minutos para contemplar el interior del edificio con sus vidrieras, tan numerosas como impresionantes. Nada más y nada menos que 773 vidrieras; pocos monumentos pueden presumir de tener un número similar y de la calidad artística de éstas.

A la salida nos encaminamos hacia el barrio Húmedo, paseando por los alrededores de la Plaza Mayor. Hacemos un par de paradas en locales de la zona para tomar un aperitivo antes de detenernos en un lugar que nos llama la atención, la Parrilla del Húmedo, donde tomaremos un menú consistente en asados principalmente, que son la especialidad de la casa como su nombre ya dejaba claro.

Por la tarde seguimos nuestro paseo por las calles de León, mientras nos encaminamos hacia la plaza de San Isidoro, donde queremos visitar la Basílica y el museo ubicado en la Colegiata. El museo de San Isidoro está considerado como uno de los mejores museos medievales de Europa, por la riqueza y variedad de sus colecciones, pero muy especialmente por sus espacios históricos entre los cuales sobresale la conocida como «la Capilla Sixtina del Arte Románico», por sus maravillosas y bien conservadas pinturas.

Tras visitar el museo seguimos callejeando, deteniéndonos de vez en cuando en alguna tienda que nos llama la atención. Inevitablemente llegamos a la plaza de la Catedral, centro gravitatorio de León. Nos entretenemos unos minutos contemplando de nuevo la majestuosidad de sus líneas y el colorido de sus vidrieras y nos dirigimos hacia el hotel. Aquí termina esta experiencia, mañana regresamos a casa. Me llevo en el corazón la alegría de que Merche haya podido cumplir su deseo de conocer lo que es el Camino, y de que lo hayamos hecho con la compañía de Rosa y Miguel, de quienes no puedo sino decir maravillas: su generosidad, su amor por el mundo y sus muchas otras cualidades los hacen ser los mejores compañeros de viaje que se puede tener. Y los mejores amigos. Os quedo eternamente agradecido, de todo corazón.

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