
El desierto, no se me ocurre otra descripción más acertada. Inicialmente habíamos planificado hacer desde Estella hasta Los Arcos el sábado, dejando para el último día una etapa de 29 kilómetros, hasta Logroño. Pero ya en el Camino decidimos que mejor sería hacer una etapa algo más larga el sábado para el domingo hacer sólo 22 kilómetros y poder llegar antes a Logroño, lo que permitía adelantar algo la vuelta a casa.
Puesto que ya nos habían advertido de la dureza de la etapa nos pusimos en camino poco antes de la salida del sol, para intentar evitar en lo posible caminar con calor. La etapa fue bastante llevadera hasta Monjardin; a partir de ahí transcurrieron 12 kilómetros de campos y más campos, sin una fuente, sin una sombra, bajo un sol que nos quemaba. Llegamos a Los Arcos todavía bastante enteros, aunque tocados. Después de descansar unos minutos y refrescarnos un poco, continuamos hacia Torres del Río, otros 8 kilómetros en las mismas condiciones. Esto acabó ya con las pocas fuerzas que nos quedaban; fue verdaderamente duro.
Pero lo peor estaba por llegar. Otros peregrinos que habían llegado antes que nosotros nos informaron de que el pueblo estaba en fiestas y que íbamos a tener verbena en la plaza en la que se encuentra el albergue. Y así fue; hemos tenido jarana hasta nada más y nada menos que las cinco de la mañana. ¿Dormir? Imposible. Bueno, menos para un peregrino compañero en nuestra habitación que roncaba como un auténtico…
Así que entre la música del exterior, la música del interior y el calor (por tener las ventanas cerradas) ha sido una nochecita que no se la deseo ni al peor de mis enemigos. Vale que el Camino signifique sufrimiento a veces, pero carajo, agonía no.
La foto lo dice todo… paisaje super árido y, al fondo, ni se ve el fin de la inmensa aridez, puf!!! Imagino lo duro que fue. Lo peor lo de no tener fuentes a mano para refrescarse. Recuerdo que en nuestro primer día, el año pasado, fueron nuestra salvación.