Hemos terminado esta primera parte del Camino. La intención es continuar hasta Santiago, pero cuando y como aun está por determinar. En todo caso, quisiera plasmar mis impresiones de esta primera parte: emociones, sensaciones, sinsabores … Pero antes quiero dar las gracias a quienes han hecho posible que, nuevamente, pudiera embarcarme en el Camino.
En primer lugar, a mi familia. A Merche, sin cuyo soporte no hubiera sido posible; a ti te debo haber podido estar ahí y también todos los besos y abrazos que no he podido darte en estos días; procuraré compensarte. A mis hijos, que a pesar de no poder entender como alguien en su sano juicio puede querer andar kilómetros y kilómetros con la mochila a cuestas, han demostrado apoyarme y respetarme. También a mis compañeros de trabajo, quienes me respaldaron en todo momento, permitiendo que pudiera ausentarme durante unos días. Muy especialmente a Sara, la buena de Sara, que cargó sobre sus espaldas con una buena dosis de responsabilidad; de todo corazón, gracias Sara. Y a ti también Lourdes, que has estado constantemente pendiente de nuestras peripecias. Fuiste mi compañera el año pasado en la ruta del Norte y también lo has sido este año, en la distancia, con tu apoyo y tu constante ánimo.
¿Qué ha supuesto para mi esta experiencia? Aunque las comparaciones son odiosas no puedo evitar comparar ésta con la del año pasado. Y hay varias diferencias. Para empezar, ésta ha sido la segunda vez, y a pesar de ser un recorrido distinto, con distintos compañeros, en distintas circunstancias, queda la impresión de que es algo que se repite, de ser un déjà vu. Cambian los paisajes, cambian las gentes, cambia la climatología, pero a pesar de todo el Camino permanece, porque el Camino no son kilómetros de terreno que hay que atravesar; el Camino es algo muy distinto, es algo que se lleva dentro, algo que te hace sentir que lo que estás haciendo vale la pena, que a pesar de los dolores, el cansancio, las agujetas, las ampollas, el frío, el calor o la sed te impulsa a seguir un paso tras otro, no importa en que condiciones, porque sientes no que tienes que continuar, sino que quieres continuar.
Una de las grandes diferencias de esta ruta frente a la del año pasado ha sido la gente, la cantidad de peregrinos que se encuentran. El año pasado hicimos el Camino del Norte desde Ribadeo a Santiago; la primera noche, en San Xusto, dormimos seis personas, tres de las cuales éramos nuestro grupo. En esta ocasión, en Roncesvalles, se ocuparon las 183 plazas del albergue y además hubo que habilitar un barracón del antiguo albergue debido a la masiva afluencia de peregrinos. La diferencia es considerable y esto tiene su lado negativo, pero también su lado positivo. El negativo es la dificultad de encontrar alojamiento y/o suministros en algunas poblaciones más pequeñas del Camino. Hemos sido testigos de algunos casos de peregrinos que han tenido que dormir en frontones o casetas de pastores, casi al aire libre, directamente sobre el suelo o sobre apenas unos cartones. El lado positivo es, precisamente, la gente. Hemos conocido y tratado con peregrinos españoles (de casi todas las comunidades), uruguayos, alemanes, venezolanos, holandeses, polacos, franceses, italianos, rusos … Una experiencia de lo más enriquecedora. Cuando me despedía de Madeleine, una joven venezolana, le decía que el Camino no lo constituye el terreno que se atraviesa, no; el Camino lo construyen las personas que en él se encuentran, ya sean peregrinos, hospitaleros, vecinos y sobre todo tus compañeros de viaje.
Mis compañeras de viaje. Aunque las he nombrado en alguna ocasión hasta ahora no he hablado de ellas, de Virgina y Carmen. A ellas más que a nadie tengo que darles las gracias por haber hecho posible esta experiencia y por haber sido tan excepcionales compañeras de aventura. Virginia, siempre con una sonrisa, siempre muy pendiente de Carmen, siempre incansable, afable, conformista. Te conozco y te quiero desde hace mucho tiempo, pero ahora he descubierto lo generosa que puedes llegar a ser. Carmen, Carmenxu; todo un descubrimiento. Siendo amiga de Virginia era de esperar que fueras una gran persona, pero después de haber compartido contigo tantos pasos, tantos momentos, he descubierto que lo eres mucho más de lo que podía pensar. Tienes un gran corazón, un corazón que no te cabe en el cuerpo; me aflige no haber podido aliviar un poco la pesada carga que en él llevabas.
Carmen, Virginia. Virginia, Carmen. Con vosotras hasta Santiago, hasta Finisterre o hasta donde haga falta. ¡Buen Camino!

Gracias a ti, Javi, por acordarte siempre de mi. Cada día esperaba, con ansia (con ese ansia que me caracteriza XD), ver vuestras fotos y leer las publicaciones en el blog, para poder estar un poquito ahí. Me he quedado con ganas de acompañaros, la verdad. Este año no quiero dejar de lado la preparación física (aunque sea un mínimo) para poder estar en la próxima ocasión caminando a vuestro lado.