Camino Inglés

Camino Inglés

De camino a Santiago

Cada camino que he recorrido ha tenido sus particularidades y sus circunstancias que lo han hecho distinto de cualquier otro, aunque pasara por lugares ya transitados. Mi anterior camino, el Primitivo, fue muy distinto de otros anteriores debido a que fue el primero que emprendí en solitario. Obviamente estar solo en el camino es difícil, por no decir imposible, pero tratándose del Primitivo -mucho menos concurrido- y de la época del año escogida junto al hecho de las variantes caminadas, me encontré prácticamente solo en varias de las etapas, y completamente solo en las etapas de la variante de Friol.

En este caso la circunstancia determinante fue ir acompañado de mis dos hijos, Carlos y Pablo. Nunca hubiera podido imaginar que llegaría un día en el que me pondría en marcha en su compañía, pero así ha sido, y me gustaría pensar que de alguna forma verse reflejado en mi ha sido en parte la causa que les ha motivado a emprender esta andadura. Sea cual haya sido su motivación, no puedo sentirme más feliz por su compañía. Feliz y orgulloso.

Por otra parte, ir acompañado de mis hijos ha tenido otro efecto: he estado más pendiente de ellos que del propio camino. Por supuesto que he disfrutado de los parajes y paisajes transitados, pero la mayoría de los recuerdos que tengo son de conversaciones y momentos vividos con ellos, más que de lugares y parajes atravesados e incluso de la fatiga e inconvenientes del camino. En todo caso, como en anteriores caminos, haré un resumen de lo más relevante acontecido en cada etapa, comenzando por el día transcurrido en Ferrol en compañía del buen Lino, quien desgraciadamente por fin no pudo unirse a nosotros.

Ferrol

Con Lino en la Ermida da Virxe de Chamorro

Tal y como estaba previsto, el 6 de octubre volamos hasta Santiago mis hijos Carlos y Pablo y yo mismo. En el aeropuerto nos está esperando Lino, que nos ha insistido en venir desde Ferrol para recogernos. Y no solo eso, sino que también nos llevará a recorrer Ferrol y sus alrededores y nos acojerá en su casa de Doniños esa primera noche, para que al día siguiente iniciemos nuestro camino.

Empezamos el recorrido parando en Pontedeume, antes de llegar a Ferrol, para ver la ubicación del albergue y comprobar si tendremos posibilidad de alojamiento. En el albergue, un chico que está haciendo tareas de mantenimiento y limpieza me informa de que, por el Covid, el local solo cuenta con 10 plazas habilitadas y que se ha estado llenando, alojando por estricto orden de llegada. Obviamente en un albergue público no se admiten reservas, por lo que se me antoja complicado que podamos encontrar sitio. Así que busco alternativas y reservo tres plazas en un albergue privado. Nos costará más, pero tendremos sitio asegurado.

Al llegar a Ferrol vamos primero a la Ermida da Virxe de Chamorro, a la que se llega por una pronunciada pendiente de aproximadamente 1 kilómetro. Lino nos cuenta que es tradición juntarse el primero de año para subir corriendo hasta la ermita, y que él llegó a hacer la subida en 4 minutos. Ni en mis mejores tiempos he corrido yo a ese ritmo; muchísimo menos en subida. Tras la ermita vamos a tomar un café a una terraza en un alto sobre la playa, desde donde podemos disfrutar de unas preciosas vistas de la costa ferrolana. Después nos lleva al cabo Prior -donde nos enteramos que existe también un cabo Prioriño- y al Monte Ventoso, que me hace recordar al Mont Ventoux del Tour de France.

Cabo Prior

Para terminar el recorrido, después de comer nos lleva a ver los sitios mas significativos de Ferrol; tras este recorrido nos lleva a su casa junto al lago Doniños, un maravilloso paraje donde pasaremos la noche. Allí conoceremos a su mujer Mari, que nos cuida de tal forma que tengo que decirle que me dan ganas de quedarme ahí y dejar el camino para otra ocasión; me dice que soy amigo de Lino y por tanto amigo suyo. Que gran mujer; no puedo más que estaros profundamente agradecidos por como nos cuidasteis. Gracias, de todo corazón.

1ª etapa: Ferrol – Pontedeume

Punto de inicio del Camino Inglés

Primera etapa. Y así, como aperitivo, 30 kilómetros sobre el papel que resultarán ser algo más. Después de pasar la noche en la casa de Lino y Mari en Doniños donde nos han tratado como a reyes, Lino nos lleva en coche hasta el muelle de Ferrol, lugar en el que se ubica el punto de inicio del Camino Inglés. Me despido emocionado -y un poco triste, todo hay que decirlo- de mi buen amigo y nos ponemos en marcha Carlos, Pablo y yo.

Los primeros kilómetros, con buena temperatura y descansados, caen con relativa facilidad. Buena parte de la etapa transcurre bordeando la ría de Ferrol, pasando de una población a otra sin solución de continuidad. Al llegar a Neda decidimos darnos un descanso a la orilla de la ría y comer algo de la fruta y frutos secos que llevamos. Poco después pasamos junto al albergue y aprovechamos para sellar la credencial. El albergue de Neda está quizá demasiado cerca de Ferrol; pernoctar en Neda supone dividir la etapa de 30 Km en dos, de aproximadamente 14 y 16 kilómetros, añadiendo un día más a la planificación para hacer dos etapas muy cortas. Al día siguiente en Betanzos coincidimos con tres chicas valencianas que venían en el mismo avión que nosotros. Ellas, el día la llegada, caminaron hasta Neda, de modo que al día siguiente les quedaba una etapa mucho más cómoda, sin la necesidad de ese día adicional. Una opción muy a tener en cuenta.

Paulatinamente van pasando las horas, mientras disminuye la distancia que nos queda por recorrer, pero a medida que avanza el día aumenta la temperatura y se incrementa nuestro cansancio, así que cada vez nos cuesta más avanzar. Poco a poco Carlos empieza a dolerse de su pierna izquierda, un dolor que sube desde el gemelo y se asienta en la rodilla. Y a mi me duele no haber insistido en parar a comer en Miño y haber descansado un tanto antes de continuar; tenemos reserva en Pontedeume, por lo que no hay prisa por llegar. Yo estoy acostumbrado, pero para ellos es su primera experiencia en el camino y una primera etapa como ésta puede resultar dura, pese a su juventud; no puedo evitar sentirme en cierto modo culpable de que Carlos tenga que arrastrar molestias en la pierna durante el resto del camino.

Unos 4 kilómetros antes de llegar a Pontedeume encontramos una bifurcación que propone una vía alternativa para salvar un cruce peligroso con la carretera que lleva a Ferrol. Por el trazado principal son 1,2 Km, mientras que por el alternativo son 2,6. Decidimos mantener el original; tendremos mucho cuidado en el cruce y puesto que somos tres, tenemos más posibilidades de controlar el tráfico. Además, no tenemos prisa; mejor esperar unos minutos hasta que no haya nada de tráfico que andar otro kilómetro y medio más. Las piernas ya pesan.

Pontedeume

Por fin, ya cerca de las cuatro de la tarde llegamos al albergue. Decidimos salir primero a comer para después dedicarnos al aseo, la ropa y descansar cuanto podamos. La etapa de mañana es más corta y además queremos salir más temprano. Así, confiamos en que será una etapa más llevadera.

2ª etapa: Pontedeume – Betanzos

A las 6 nos ponemos en pie y tras desayunar en el albergue nos ponemos en camino, todavía de noche. Nada más empezar, abordamos la fuerte subida de Pontedeume, apenas iluminada por las tenues luces urbanas. Poco a poco y a medida que ascendemos vamos dejando atrás la población, mientras comienza a amanecer. El camino transcurre en su mayoría entre preciosos bosques de pinos, robles y eucaliptos, atravesando zonas de reserva de biosfera, por lo que los paisajes son de gran belleza. Afortunadamente nuestras piernas parecen responder bastante bien, aunque Carlos continúe con molestias en el gemelo y yo en el tobillo.

Llegamos a Betanzos poco antes de las dos. El albergue todavía está medio vacío y conseguimos plaza sin problema. Nos aseamos y salimos a comer, menú peregrino por supuesto, en una terraza junto a la magnífica Igrexa de Santiago. Después, volvemos al albergue para descansar y dedicarnos a la inevitable tarea de lavar la ropa. Más tarde salimos a dar un paseo por Betanzos; me acerco a visitar las igrexas de Santa María do Azogue y de San Francisco, aunque solo entro a la de Santa María. Vamos también a comprar algunas provisiones para la cena y el desayuno de mañana.

Cruceiro e Igrexa de San Francisco

En el albergue encuentro a tres chicas con las que hemos coincidido en el camino y de quienes decía Carlos que creía haberlas visto en el avión, viniendo de Valencia. Entablo conversación con ellas y me confirman que es así, que son de Valencia; bueno, digo con ellas pero realmente es con Sara, bastante más habladora que sus compañeras. Llegamos en el mismo vuelo, pero ellas en vez de pasar la noche en Ferrol continuaron hasta Neda, lo que acorta notablemente la etapa hasta Pontedeume. Tal y como mencioné anteriormente es una opción a tener en cuenta.

Cenamos en el albergue, unos bocadillos preparados con los víveres adquiridos. Después nos vamos a descansar. O a intentarlo, al menos; parece mentira pero a algunos peregrinos les cuesta respetar la norma de guardar silencio a partir de las 22 horas.

3ª etapa: Betanzos – Bruma

Niebla, como no, camino a Bruma

La primera noche de Carlos y Pablo en un albergue público sirve para que se introduzcan en el mundo de los olores y ruidos de los peregrinos. Contamos con la compañía de un roncador de primera, que nos despierta varias veces durante la noche con sus rugidos, más que ronquidos; pese e esto conseguimos dormir unas horas. Nos levantamos a las 6 y tras desayunar en el albergue nos ponemos en marcha. Cuando salimos de Betanzos es todavía de noche, por lo que tenemos que hacer uso del frontal para no perder las señales. Hay niebla, lo que da un cierto aire místico a los paisajes al tiempo que aumenta la sensación de frío.

El camino transcurre en su mayoría por pistas entre bosques, aunque con algún tramo de carretera. Me resulta especialmente desagradable un tramo de unos 2 Km poco antes de llegar a Bruma, a lo largo de la carretera AC-542, con bastante tráfico y algo de calor por lo avanzado del día. La etapa se hace pesada también por el prolongado ascenso, en ocasiones por fuertes pendientes que se nos hacen interminables. Afortunadamente la pierna de Carlos parece estar mejor y podemos llevar un ritmo bastante bueno.

Llegando a Bruma tomamos parte en una carrera de la que no seré consciente hasta más tarde. Algunos peregrinos a quienes habíamos adelantado algún kilómetro atrás nos adelantan a su vez en el último tramo, avisados desde el albergue por un compañero. Y así llegamos al albergue y nos encontramos con que solo queda una plaza libre de las 10 disponibles. A pesar de que desde hoy mismo las restricciones aumentan la posibilidad de ocupación hasta el 75 % y podría haber 15 plazas en vez de las 10 existentes, la realidad es que únicamente hay 10 camas instaladas y no disponen de colchones adicionales, así que no hay nada que hacer. Tenemos dos alternativas, el albergue privado -con una diferencia de precio notable- o comer en Bruma y después continuar 10 Km hasta el siguiente albergue, en O Outeiro. Pese al precio optamos por el albergue privado, donde afortunadamente todavía hay plazas libres y nos dan una habitación de cuatro para los tres. Esta noche no tendremos que soportar ronquidos. Bueno, miento; después me enteraré de que Carlos y Pablo tuvieron que soportar alguno mío.

En el albergue público nos informan de que se espera la llegada de un numeroso grupo para comer en el único restaurante de Bruma, así que tenemos que apresurarnos y vamos a comer después de habernos registrado en el albergue. El pueblo es pequeño y hay poco que ver, por lo que pasamos la tarde en el albergue, descansando y, como no, lavando y secando ropa. Mientras lavo a mano mi ropa, una peregrina canadiense de la que lamentablemente no recuerdo el nombre me ofrece compartir la lavadora que ella va a poner, ya que apenas tiene unas pocas prendas. Agradecido, le ofrezco hacerme cargo de la secadora una vez finalice el lavado. Poco después encuentro a Pablo hablando con ella; se ha acercado a él interesada al verlo grabando con la cámara de vídeo con la que está registrando su experiencia en el Camino.

Cenamos ahí mismo, unos bocadillos comprados en el restaurante, tras lo cual nos vamos a descansar. La diferencia de precio de los albergues privados tiene su compensación en la privacidad y calidad de los servicios que obtienes, aunque en ocasiones puedas perder el calor del contacto con el resto de peregrinos.

4ª etapa: Bruma – Sigüeiro

Saliendo de Bruma

Un día más salimos pronto, todavía de noche, alumbrando el camino con la luz de nuestros frontales. Tenemos por delante una etapa tranquila, transitando en su mayoría por pistas que atraviesan preciosos bosques y alguna pequeña población. Sin grandes desniveles y con tendencia al descenso se nos hace relativamente cómoda, al menos al principio. A medida que pasan las horas y los kilómetros y con la ayuda del calor que empieza a apretar, el camino se hace cada vez más pesado. Para complicar las cosas Carlos vuelve a dolerse de la pierna.

Durante los últimos kilómetros hemos visto bastantes peregrinos, lo que me hace temer la posibilidad de no encontrar alojamiento en albergue. Como además tenemos que mantener un ritmo más pausado, opto por llamar para reservar plaza. Busco los números de los albergues y encuentro tres, dos de ellos con significativamente mejor valoración que el tercero. Llamo primero al albergue Camiño Real, donde me dicen que no disponen de plazas libres. A continuación llamo a Ultreia et Suseia, pero no me contestan, así que finalmente llamo al tercero, el de valoración más baja, el albergue Miras, en el que si encontramos plaza; nos reservan una habitación para cuatro.

Ya más tranquilos nos tomamos con calma los últimos kilómetros para no forzar más la dolorida pierna de Carlos. Llegamos a la población y tras callejear un poco por fin encontramos el albergue, situado junto a la carretera que atraviesa Sigüeiro, en un edificio de varias plantas que cuenta con un bar en el bajo y que forma parte del albergue. Nada más entrar decido que no quiero quedarme ahí; junto a la carretera, con el bar abajo, un edificio feo con ventanas mínimas que no se abren, un búnker en suma. Opto por agotar el último cartucho que nos queda y sin decir nada salgo del bar, donde hay que hacer el registro, y llamo al albergue Ultreia et Suseia, donde esta vez sí me contestan y para mi alegría Daniel me informa que sí hay plazas libres. Así que entro al bar y digo a Carlos y Pablo -quienes ya estaban presentando su documento para el registro- que nos vamos. Me miran con cara de interrogante asombro, pero por toda respuesta insisto en que nos vamos. Me disculpo ante la encargada, recojo mi mochila y salgo, seguido de mis hijos. Mientras nos encaminamos hacia Ultreia et Suseia les explico que no podía quedarme en ese sitio; parecen entenderlo, aunque cuando mejor lo entenderán será al llegar al albergue y comprobar la diferencia entre aquél y éste.

David es hospitalero «como los de antes» diría alguien. Yo me niego a utilizar esta expresión porque supondría admitir que ya no existen hospitaleros así. Para mi es un hospitalero y no alguien que simplemente mantiene un albergue; hay una gran diferencia. Nos acoge, nos acomoda y nos da información sobre el albergue y sobre Sigüeiro; podemos, por ejemplo, lavar la ropa en lavadora y desayunar, por el coste de la voluntad. También nos recomienda donde ir a comer; le hacemos caso y vamos al mesón Tambre, donde comemos un menú de churrasco para tres que bien podría haber sido para cuatro o cinco comensales.

Mirador del Tambre

Dedicamos la tarde a descansar sobre todo. Más tarde salgo a dar una vuelta y me acerco al Mirador del Tambre; me siento en un banco y descanso unos minutos, mientras disfruto de las vistas del río y sus aledaños. Después busco un sitio donde comprar algo para la cena y vuelvo al albergue. Tras la ligera cena me voy a descansar mientras Carlos y Pablo ven un partido de fútbol entre España y Francia, final de no se qué competición; no soy y nunca he sido futbolero.

5ª etapa: Sigüeiro – Santiago

Hacia Santiago

Última etapa. Último día ya, apenas nos separan de Santiago unos 15 kilómetros. Poco que decir de esta última jornada en la que, como otras anteriores últimas, estoy más pendiente de los kilómetros que van cayendo y de los que restan para llegar, para encontrarnos con Merche en la Praza do Obradoiro. Llegando al bosque encantado hacemos una parada para descansar unos minutos y comer algo. Opto por un café con leche bien caliente y una porción de tarta de almendra (de Santiago). Después, nos ponemos en marcha para completar los kilómetros que nos restan.

Como el Camino Inglés llega desde el norte y no desde el oeste como el Francés (y los que en él confluyen), atravesamos una parte de Santiago que apenas conozco, por la que apenas transitan unos pocos peregrinos. Hasta que finalmente llegamos a la Rúa da Acibechería y a través de la Praza da Inmaculada entramos a la Praza do Obradoiro. Enseguida veo, vemos, a Merche. Me emociono al encontrarla, pero su felicidad al vernos entrar a los tres juntos es mayor que la mía.

Por fin, nos relajamos y disfrutamos del momento. La plaza está como siempre la he encontrado, llena de peregrinos de todo tipo y procedencia que, tras el esfuerzo, solo aspiran a poder alargar el instante y poder retener en su memoria todos los matices del momento vivido. Y eso mismo hacemos Merche, Carlos Pablo y yo mismo. Después queda el lento y cansado trámite de hacer cola para conseguir la Compostela; lento y cansado, pero bien vale la pena.

Disfrutamos de una buena comida en la terraza de un restaurante junto al centro de peregrinos a base de productos de la tierra (y del mar): gambas, pulpo, vieiras, rape, queso… Nos la hemos ganado. Después nos dirigimos al hotel para descansar un poco. Aun tendremos tiempo de dar otro paseo por Santiago antes de la cena, pronto, ya que Carlos vuelve a Valencia al día siguiente a primera hora de la mañana. Puesto que Pablo no conoce la tierra decidimos quedarnos él, Merche y yo un día más para viajar hasta Fisterra y Muxía, sitios que a pesar de haber estado en Galicia varias veces yo tampoco conozco.

Así, al día siguiente salimos en primer lugar hacia Muxía, donde damos un paseo pro el puerto y nos acercamos hasta el Santuario da Virxe da Barca. De allí vamos a Fisterra, donde tras la subida al faro buscamos un sitio para comer. Nuestra intención era dirigirnos después a visitar Muros, pequeño pueblo costero que nos habían recomendado, pero el cansancio pesa sobre nosotros y decidimos volver a Santiago, para poder descansar algo antes de cenar y preparar el equipaje para la vuelta.

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